Hablemos. Hola

 

Si no has visto la foto del yo, Jíbaro” del otro día, a qué estás esperando? (“frase tipo” anuncio motivador) (OLVÍDALO)

Vamos a lo que vamos. Tu yo superficial seguro que ha visto la foto, ha leído el texto y diría “no está mal, una chica-mono y unas frases más menos puestas colgadas con pinzas de plástico sobre cordel verde”. Pues no, el cordel es azul. El caso es que ahora le pido a tu otro yo, al que navega entre las profundidades, a ese cotilla que busca algo más, que me escuche. Y después, que corra o vuele.

Las frases colgadas del otro día (las de Cuenca decepcionan un poco si llevas muchas expectativas) querían hablarte de estereotipos. Mejor, de romperlos ya.

“Princesa”, desde pequeñita te venden la moto. Te visten de princesa, te llaman princesa, te descubren todo el mundo Disney (sueñas con castillos en un piso) y todo esto para qué? Para que los mismos que te llevan de la mano piensen en mamá tenedores, cubiertos, vajilla y se recorran la sección hogar pensando en que ese es el regalo que te mereces. Por eso, yo te corono con la realidad, con tenedores “sostenedores” de tu vida soñadora.

*Inciso contradictorio: Vamos a perdonar de vez en cuando a los “Buenos días princesa” que recuerden que La vida es bella.

“Vestidos blancos de sistema”. Pasar del niña princesa al estudia, trabaja, coche, cásate, piso, hipoteca, hipoteca, pensión…. no es lo que tienes en mente, pero en el fondo pasan los años y ves que no has conseguido nada. Mentira. Desviarse o saltarse todos ellos no es malo. En este caso, trabaja y todo lo que tú quieras pero cuando te vayas a casar no lo hagas por un vestido, por una boda, por ser la protagonista de un día. No intentes materializar una sensación, una vivencia, experiencia… únicamente disfrútala. Acaso sabes por qué los vestidos de novia son blancos?

“Barbies y la mujer perfecta”. Lo perfecto es perfecto pero muy aburrido. Apuesta por el imperfecto perfecto. Y no tengas como referente a una muñeca de postín. No eres un producto. Idealizar el cuerpo de una forma banal, casi impersonal, para ofrecer siempre la mejor imagen o el mejor perfil con el fin de agradar no es la realidad. Y yo, para ahorrarte el trabajo y para que visualices lo que quiero decirte, cojo a las Barbies, las maniato a todas para que no te enganchen con sus redes y las silencio en un plis. Un poco sádica, sí, pero el mundo vivo me lo agradecerá.

“Yo, Jíbaro” defiendo a las tribus y a la gente que vive de otro modo. Mira de otro modo. Todos vivimos en la misma pelota redonda. Al final terminamos siendo más primitivos, más infelices (todo el mundo busca la felicidad) que otros menos alfabetizados o “civilizados”.Dale vueltas a la cabeza, pisa con pies de flores (para hablar de las sandalias que uso) y usa el “vive y deja vivir para ser feliz”.

Olvídate de la mujer florero, la mujer compañera, la mujer erótica-festiva, la mujer ama de casa-trabajadora, porque solo son cachos de un todo. Tu todo.

La lucha contra los estereotipos de género empezaba en casa. Estaba convencida de que, una generación después, mi hija crecería en un mundo más libre. Daba por hecho que el triunfo de la generación de mi madre había hecho posible que la feminidad se hubiera convertido en una elección en vez de en una trampa. Creía que las niñas serían libres de ser hadas o princesas, el mismo modo que las mujeres adultas podíamos elegir adoptar determinados símbolos de la feminidad que las feministas de los años sesenta habían considerado opresores, como los tacones o el maquillaje.

Pero de pronto descubrí que, casi sin que me hubiera dado cuenta, las puertas se habían cerrado. Lo que se suponía que iba a ser la libertad de elegir algo rosa de vez en cuando parece haberse convertido en la obligación de ahogarse en un océano rosa. Mi hija está creciendo en un mundo que potencia valores medievales, en el que todas las niñas son princesas y los niños luchadores, en el que todas las niñas llevan hadas y todos los niños superhéroes en los estuches del colegio.

«…»

Por supuesto que no es ningún problema el que las niñas sueñen con ser sirenitas de voz dulce o con asistir a un baile con un tutú plateado. Jamás querría privar a las niñas de ese placer, siempre que no todas estén obligadas a soñar lo mismo, siempre que eso no sea lo único que se espera de ellas”.

Walter, Natasha (2010): Muñecas vivientes. El regreso del sexismo, Madrid, Turner Publicaciones, pp. 161, 165. 

 

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yo, Jíbaro

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No espero que me mires como yo te miro.

No quiero que me veas como tú me ves.

No intento gustarte,

aprende a quererte.

Te cambio tu corona de princesa por unos tenedores.

Nos vamos a comer.

Mi piel sangra con las marcas que matan.

No quiero vestidos blancos, ni novias.

No quiero compromisos incumplidos.

Nos vamos de fiesta y lo arreglamos.

Pero antes no te olvides de quién eres.

No busques poder, reconocimiento o solo una cama en la que abrazarte.

Necesitas más, mucho más.

Tú misma.

Tu misma

matarías con tus palabras a todas las Barbies vivientes.

Déjalas en paz.

Éste no es tu mundo.

No hace falta que reduzcas cabezas.

Haz lo que quieras.

No me dejes olvidarte.

Te espero dentro de mí.

 

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Ingredientes:

Barbies sucedáneas // (Todo a 100 chino, 0,50 cts. de descuento “conseguirlo merece una ola” )

Tenedores de plástico imitación metal del bueno // (Mercadona)

Cuerda y base para corona  “si necesitas un tutorial de cómo se hace una corona de tenedores molona  deja comentario, gracias!”  // (Todo a 100 del barrio, intentaremos negociar descuentos)

Túnica imitación vestido blanco novia “hay que tener mucha imaginación para imaginarlo, pero el presupuesto es el que es (reduce, reutiliza, recicla y recupera) ” // (Zara Old pero Old Old “porque se dice así” ) 

Sandalias floripondiadas  // (Lefties, varios usos)