El palacio de las ilusiones

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Aprendí muy pronto a escuchar a escondidas.

Me vi obligada a adoptar esta innoble práctica porque la gente rara vez me decía algo que mereciera la pena saber. Mis asistentes estaban entrenada para hablarme con complejas adulaciones. Las esposas de mi padre me evitaban. El rey Drupad solo se reunía conmigo en situaciones que sirvieran para desalentar a preguntas incómodas. Dhri nunca mentía, pero muchas veces me ocultaba cosas, en la creencia de que su deber de hermano era protegerme de los hechos desagradables. Aunque Dhai Ma no tenía ese tipo de reparos, se dejaba llevar por el desdichado hábito de mezclar lo que de verdad ocurría con cosas que, en su opinión, deberían haber ocurrido. Krishna era el único que me decía la verdad. Pero no estaba conmigo con mucha frecuencia.

Así fue como empecé a escuchar a escondidas y descubrí que era una práctica sumamente útil. Funcionaba mejor cuando yo parecía absorta en alguna actividad tonta, como el bordado, o cuando fingía dormir.

DIVAKARUNI, CHITRA BANERJEE:El palacio de las ilusiones

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